ACTO PROTOCOLAR HONORÍFICO PERUANO-CATALÁN

Publicado el 16 de noviembre de 2025, 2:09

Conmemorando "El Día del Bibliotecario Peruano", la Fundación Universidad Hispana, Official World Record de la Comunidad Autónoma de Cataluña y el Partido de lo Trabajadores y Emprendedores, PTE-PERÚ, celebraron un encuentro cultural en el que fueron objeto del reconocimiento internacional un puñado de profesionales y luchadores sociales.

El acto estuvo presidido por el Presidente del Partido Político PTE-PERÚ, quien firmó un Acuerdo de carácter cultural que permitirá intercambios ediles y parlamentarios entre el Perú y el viejo mundo. Tecnología ancestral y tecnología de punta por un futuro promisorio por nuestros pueblos de a pie.

Napoleón: Donde las palabras tienen alma

En la noche en que los aplausos se mezclaron con el viento de noviembre, Napoleón Becerra no habló solo como candidato, sino como médium de una patria que aún sueña con justicia. El salón se llenó de murmullos, pero también de presencias invisibles: los niños que duermen en los atrios de los templos, los abuelos que piden pan con la dignidad intacta, los jóvenes que migran con la esperanza empaquetada en mochilas de tela. Todos ellos estaban ahí, aunque nadie los había invitado.

El Perú, ese país que a veces parece un cóndor herido, se asomó por las rendijas del discurso. Becerra no prometió milagros, pero sí una revolución que empieza por no robar. Y eso, en un país donde el presupuesto se evapora como agua en la arena, suena a conjuro. “No estoy entrando en religión”, dijo, pero los espíritus de la ética y la compasión ya habían tomado asiento en primera fila.

La ceremonia se volvió rito. Cada medalla entregada era un talismán contra el olvido. Cada firma estampada en el acuerdo cultural era un pacto con los ancestros que hablaban quechua y aymara, lenguas que no solo nombran cosas, sino que las hacen existir. Porque en el Perú, como en los cuentos de Arguedas, las palabras tienen alma.

Y mientras se hablaba de institutos abandonados y universidades soñadas en cada provincia, el país se transformaba en un mapa de posibilidades. Las piedras de los caminos rurales susurraban: “Sí se puede”. No como eslogan, sino como eco de una voluntad que ha resistido siglos de saqueo y desprecio.

Los libros que se ofrecían al final —vida más allá de la vida, biografías inesperadas, principios para el éxito— no eran solo textos. Eran oráculos. Cada página contenía una promesa: que la cultura puede ser el puente entre el Perú que somos y el Perú que merecemos.

Y así, entre fotos, saludos y silencios, la noche se cerró como se cierran los cuentos andinos: con una esperanza que no necesita explicación, porque se siente en el pecho como el calor de una fogata. El Perú, ese país que a veces parece dormido, abrió los ojos. Y soñó despierto.

UDI/FUNHI/JCR

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